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Publicado originalmente en alemán: “Carles Puigdemont: Ein völkischer Populist”. Zeit Online.

6 de abril 2018

Aún está pendiente la evaluación jurídica del caso del catalán, sin embargo, la evaluación política ya es muy clara: El proyecto de Puigdemont es diametralmente opuesto a la unificación de Europa.

Un comentario de Ulrich Ladurner

El Tribunal Superior de Schleswig ha puesto en libertad condicional al separatista catalán. La sentencia está debidamente fundamentada y es respetable Es además satisfactorio que recuerde de manera implícita que el conflicto entre los separatistas y España es, en esencia, un conflicto político. Éste no se podrá solucionar con los medios de la justicia. Ojalá este mensaje se haya escuchado en Madrid.

Los separatistas catalanes celebran la decisión de un tribunal alemán como la absolución de su héroe, que en su opinión es un perseguido político. Sin embargo, nada más alejado de la verdad. Puigdemont ni está absuelto, ni es un héroe ni es un perseguido político.

El tribunal superior de Schleswig ha desestimado la acusación por “rebelión” que la justicia española formuló en contra de Puigdemont. Sin embargo, sobre la base de los conocimientos que tiene a disposición hasta el momento, concede credibilidad a la acusación de malversación de fondos públicos y solicita más documentación a España. Habrá que esperar.

Puigdemont no es ningún mártir

Para lo que no hay que esperar es para la valoración política de Puigdemont. Este hombre es un populista nacionalista. Se permite determinar quién es un buen catalán y quién no. El catalán bueno está a favor de la separación de España, los demás son malos. Si es que son catalanes. El proyecto de Puigdemont es diametralmente opuesto a la unificación europea – es un divisor, no un reconciliador.

Puigdemont y los suyos no solamente han violado la Constitución española; también han violado el estatuto de autonomía catalán y enfrentado a los catalanes entre sí. Esto no es casualidad; es intencionado. El separatismo catalán al estilo Puigdemont se basa en una provocación permanente y agudización del conflicto. También su huida de España forma parte de la estrategia de escalada.

En sus viajes a través de toda Europa hizo lo que ya había hecho en Barcelona: hacerse ver como el mártir de un pueblo-nación supuestamente oprimido. Pero ni es Puigdemont un mártir, ni son los catalanes un pueblo oprimido.

¿Qué ha hecho Puigdemont siendo Presidente?

Demasiadas veces, el Gobierno central español ha caído en la trampa de la estrategia de escalada de los separatistas. No ha enfrentado el fanatismo de Puigdemont con imaginación política sino con testarudez.

Seguramente fuera acertado que el Gobierno de Madrid les impusiera un límite a los separatistas en otoño del año pasado. Ningún Gobierno en Europa podría tolerar una violación tan evidente de la Constitución del país.

Pero ahora sería el momento de volver a politizar el conflicto – esto significa: indagar en las cuestiones concretas y no en los devaneos. Por ejemplo cabría preguntar por lo que ha logrado Puigdemont para Cataluña durante su época como presidente y tras su destitución.

No ha creado ni un puesto de trabajo ni ha procurado que las colas en los hospitales saturados fueran menores, y tampoco ha contribuido a esclarecer los diferentes escándalos de corrupción de sus antecesores. En resumidas cuentas: no ha hecho nada que podría calificarse de buena gobernanza.