Publicado originalmente en alemán. Ulrich Ladurner. Zeit Online.

Los catalanes quieren la independencia de España e intentan arrastrar a la UE a su bando. En esencia: la situación requiere de Bruselas, pero como mediadora.

Es hora de que la Unión Europea encare el conflicto entre el Gobierno español y los separatistas catalanes. Es sumamente importante. Desde hace ya semanas existe allí una crisis latente que debería alcanzar el domingo su punto más álgido hasta el momento, cuando el Gobierno regional catalán celebre un referéndum sobre la independencia.

El Tribunal Constitucional ha calificado el referéndum de contrario a la ley y es por ello que el Gobierno central intenta impedirlo. Se ha desplegado a la policía, se han cerrado las páginas web que publicitaban el referéndum y, la semana pasada, 13 altos miembros del Gobierno regional fueron brevemente detenidos. Raül Romeva, el cuasi-Ministro de exteriores catalán, afirmaba: “¡la democracia en España se desmorona día tras día!” Este jueves Romeva viajó expresamente a Bruselas para apelar a las instituciones de la Unión Europea: “Ustedes deben defender el tratado de la Unión Europea y garantizar el bienestar público de los ciudadanos catalanes, que también son ciudadanos de la Unión Europea”.

Sí, la UE debe pronunciarse sobre el conflicto, pero no en el sentido que Romeva pide. El Gobierno catalán intenta arrastrar a la UE a su bando. Pero este conflicto no necesita una toma de partido desde fuera, sino una mediación discreta pero decidida. Y ésta sólo puede salir bien si se dejan claro algunos puntos:

  • Primero: España no es ninguna dictadura ni tampoco corre el peligro de convertirse en una. Es una democracia reconocida y un miembro respetado de la UE.
  • Segundo: Los catalanes no son un pueblo oprimido. A pesar de ello, tienen peticiones justificadas de más autonomía.
  • Tercero: el Derecho Internacional reconoce el derecho de autodeterminación, pero un pueblo tiene derecho a ejercerlo sólo si está oprimido o colonizado. No es el caso de Cataluña.
  • Cuarto: un referéndum sobre el futuro de Cataluña no está descartado para siempre, pero debe realizarse, dado el caso, en consenso con el Gobierno central y en el marco de la legislación vigente.
  • Quinto: de convertirse Cataluña en independiente, no puede contar con ser miembro de la UE. El nuevo estado tendrá que ponerse a la cola. Y si la separación de España fuera, como todo apunta, conflictiva, otros miembros de la UE (España) interpondrán su veto contra el ingreso como miembro del nuevo estado.

Todo esto es lo que deberían decir los representantes de la UE a los separatistas, a puerta cerrada, de forma clara y con una única voz. Los separatistas lo vivirán como una toma de partido, ya que una posición como ésa destroza los fundamentos de su argumentación. Pero es necesario. Trabajar con tergiversaciones propagandísticas es equivocado y peligroso. En el ruedo político no se deberían vender ilusiones: está para ser serios.

El Gobierno español también ha cometido fallos. Y así deberían trasladárselo los representantes de la UE, también a puerta cerrada, de forma clara y con una única voz. El Gobierno de Madrid no ha salido al encuentro de los catalanes en los últimos años, no ha tomado ninguna iniciativa para apaciguar a tiempo el conflicto que se dibujaba. Le ha faltado voluntad política e imaginación. Confiarse exclusivamente a la labor de la Guardia Civil, como está haciendo ahora, no es suficiente. Además, esto alberga grandes peligros. Los catalanes necesitan una oferta política de Madrid a medio plazo.

Si la UE interviene de esta manera, esta espiral de escalación podría romperse. Ninguna de las partes parece estar ya en disposición de hacerlo si no es con ayuda exterior. Y su pelea es también un peligro para la propia UE.